Después de que el teléfono sonó unos diez segundos, finalmente contestaron del otro lado. Isabella bajó la voz y preguntó:
—¿Cómo van las cosas?
Juan se sintió algo culpable y no se atrevió a decir la verdad, temiendo que si lo hacía, la empleadora buscaría a otra persona para hacer el trabajo y perdería el dinero, así que respondió:
—Mi compañero y yo ya estamos apostados afuera del hospital. Es un hospital privado, hay guardaespaldas vigilando los pasillos del área de hospitalización, no es fá