Le vino una idea, si no era ahora cuándo más iba a acusar.
—Eduardo... —Celeste se detuvo, se volteó a mirar al anciano en la cama de hospital, con voz lastimera.
—¿Después puedo venir a ver a Marisela todos los días? ¿Puedo quedarme un rato más cada vez para hacerle compañía?
Eduardo sin dudarlo dijo:
—Por supuesto, puedes venir cuando quieras, quedarte el tiempo que desees, nadie te va a detener.
Celeste no respondió, solo se volteó a mirar al "guardián de cara negra" en la puerta.
Eduardo tam