Manuel fue arrastrado hacia adelante por esa fuerza de toro, sus pies resbalaron y luego tuvo que frenar de emergencia, asustado hasta sudar la espalda.
¡Dios mío! Este señor Cárdenas solo se veía alto, tampoco muy corpulento, ¿cómo tenía tanta fuerza?
Manuel, como hombre de mediana edad que había engordado, pesaba unos 90 kilos, ¡pero casi no podía sujetar al hombre!
Manuel mientras tiraba y sudaba decía:
—Señor Cárdenas, señor Cárdenas, cálmese, si hay algo podemos hablarlo con tranquilidad...