Pero el señor Acosta era diferente, era demasiado "justo", ni siquiera favorecía a la hermana menor que acababa de reconocer.
Entonces, esto lo hacía parecer como si estuviera juzgando con mezquindad las intenciones nobles de otros.
El señor Acosta ni siquiera había pensado en encubrir o negar nada, mientras que él se esforzaba por defender y justificar a la señorita Fuentes, como un pobre preocupándose por los problemas de los ricos.
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