Marisela escuchó y simplemente respondió:
—Normalmente hasta el dinero para la compra lo pongo yo. Él nunca me dio ni un centavo.
Germán quedó impactado, atónito, perplejo. Se dio una palmada en el muslo y comenzó a maldecir indignado:
—¡Carajo! ¿Qué clase de basura humana es? ¿Ni siquiera te da para la comida? ¿Tú lo pagas todo?
—Dios mío, ¿a esto le llamas casarte con un millonario? ¿No te habrán engañado, niña?
—¿Lorenzo es tan tacaño que tampoco te da regalos ni dinero en tu cumpleaños, aniv