Ella sabía que esas pequeñas "heridas" no merecían tal nombre, así que fue hacia Marisela y le subió la manga de la camisa.
—¿Ves? ¡El brazo de Marisela estará morado mañana! —exclamó Celeste.
Ulises observó a la joven que su hermana le mostraba.
En su brazo delgado y blanco había varias marcas evidentes, claramente causadas por un fuerte agarre. Sus cejas se fruncieron imperceptiblemente.
Sintiéndose incómoda bajo su mirada, Marisela bajó rápidamente la manga.
Pero apenas lo hizo, Celeste volvi