Al levantar la mirada, sus ojos se encontraron y al instante ambos entornaron la mirada, con un ambiente cargado de tensión entre ellos.
—Qué decepción para el señor Bustamante, ¿verdad? No encontrar una bella dama que interrumpa su cacería nocturna —dijo Lorenzo con los labios finos apenas moviéndose, en un tono ligeramente mordaz—. Si quieres, puedo llamar a alguna señorita para que disfruten juntos bajo la luz de la luna.
Ulises se enderezó y respondió con desdén:
—Me parece que el que quería