—Ponla a la venta, y si Lorenzo intenta comprar el complejo, puedes quedarte en mi casa —dijo Celeste.
—En serio, está completamente loco. Primero quiere comprar donde trabajas, y ahora donde vives. ¿Por qué no compra de una vez todo San Miguel del Monte? —se quejó Celeste.
Marisela se llevó la comida a la boca, masticando en silencio.
Lorenzo realmente estaba enfermo, gravemente enfermo. Era capaz de cualquier cosa con tal de arrastrarla de vuelta para seguir atormentándola.
Ella, definitivamen