El policía miró a Lorenzo y le advirtió:
—Señor Cárdenas, cuide su tono y vocabulario. La otra parte ya ha accedido a no presentar cargos.
Lorenzo golpeó la mesa con el puño, furioso:
—¡No he hecho nada malo! ¿Por qué necesitaría el perdón de Celeste? ¡Esto es absurdo!
—Vaya, tan terco... quizás deberíamos... —comenzó Celeste, pero Aurelio se apresuró a colgar el teléfono.
—Oficiales, ya hemos proporcionado toda la documentación y la parte afectada ha expresado verbalmente su perdón. ¿Podemos ir