—Sobre el asunto del informante que le revelaste a Marisela por tu cuenta, esta vez es absolutamente imposible. No quiero que se sienta presionada ni llena de culpa —dijo Matías con expresión grave.
Manuel asintió en señal de comprensión, suspirando para sus adentros.
Mientras tanto, en casa de Marisela.
La cocina estaba llena de vapor y aromas deliciosos. Celeste ya había empezado a probar la comida.
Saboreando un filete con salsa de champiñones, levantó el pulgar entusiasmada:
—¡Vaya, Marisela