—Sigue buscando, no me creo que haya desaparecido así como así —masculló Lorenzo entre dientes.
Aurelio había intentado de todo. Le había llamado varias veces, pero la señora no contestaba.
Cuando ya estaba a punto de perder las esperanzas, por fin, en otro intento, ella respondió.
—¡Señora! ¿Dónde está? —preguntó con voz extremadamente agitada.
—¿Para qué me buscas? —respondió Marisela con frialdad.
—Es el señor Cárdenas... —Aurelio se detuvo abruptamente al darse cuenta de su error y rápidamen