Sin pensar demasiado, lo contestó: —Lorenzo, ¿qué pasa ahora? —preguntó, asumiendo que era él al otro lado de la línea.
—Celeste, soy yo —La voz que le respondió no era la de Lorenzo, sino la de Viviana.
Celeste se detuvo en seco, sorprendida. —¿Qué sucede, Viviana? —inquirió, curiosa por la razón de su llamada.
—Ayer participé en un concurso de pintura en la escuela y gané un premio. Quisiera regalarte la pintura, ¿te vendría bien encontrarnos? —La timidez en la voz de Viviana hizo que Celeste