Celeste debía permanecer unos días en el hospital para observación.
Después de aclarar las cosas entre ellos, la atmósfera se había vuelto dulce y ligera.
Por la mañana, Lorenzo la sostenía en sus brazos mientras ambos estaban en la cama. Él, con el celular en la mano, revisaba catálogos de autos deportivos; Celeste, por su parte, veía la televisión y enviaba mensajes a Melodía.
Melodía: [¡Casi me muero del susto! ¡Recién me entero de que estabas en ese auto que cayó al río! Tú no sabes nadar, ¿