Celeste lo miraba fijamente.
En los ojos de la chica, llenos de amor, no había espacio para nada ni nadie más que él.
Lorenzo la observó profundamente, buscando alguna señal de falsedad o adulación en su mirada, pero no encontró ninguna.
Sintió un estremecimiento en su pecho.
¡Esta pequeña acababa de decirle que lo ama!
Una avalancha de emociones lo inundó, llenando su corazón hasta el punto de casi desbordarse.
—Celeste…
La voz de Lorenzo sonaba ronca, y su mirada oscura parecía querer penetrar