Enrique se disculpó con una sonrisa.
Celeste sacudió la cabeza con una sonrisa:
—No pasa nada.
Enrique y Lorenzo todavía tenían asuntos que atender, así que le dio la naranja a Melodía y se fueron al estudio.
Melodía se sentó en un banco del jardín con Celeste para charlar un poco.
—Parece que Enrique es muy bueno contigo.
Enrique era un joven mimado de una familia adinerada, que era capaz de admitir su error delante de Melodía, lo cual sorprendió bastante a Celeste.
Melodía asintió con una son