Celeste giró la cabeza para mirar hacia fuera de la oficina.
En el pasillo, Lorenzo estaba recargado en la pared, con la cabeza ligeramente inclinada, frunciendo el ceño mientras fumaba. Su apuesto rostro estaba envuelto en una delgada capa de humo, lo que le daba un aire más misterioso a su actitud fría. La luz del sol iluminaba su esbelta figura, confiriéndole un halo luminoso.
Como si sintiera su mirada, Lorenzo levantó repentinamente la vista y la miró. Sus miradas se encontraron a través de