Lorenzo no dijo nada más y se fue a pasos agigantados, su esbelta figura dejando tras de sí una ráfaga de aire frío.
Cuando su figura desapareció, el médico se secó un poco el sudor frío de la frente y soltó un largo suspiro de alivio. Parecía que Lorenzo solo tenía buena cara cuando se trataba de Celeste, ¡era tan aterrador en otros momentos!
***
Celeste salió del edificio y se dirigió al auto estacionado en la calle.
—¡Celeste!
De pronto se escuchó la voz de una muchacha. Viviana estaba parada