Margarita se paró en la puerta y le entregó su celular, luego le susurró con nerviosismo:
—Parece que el señor está de muy mal humor, deberías consolarlo un poquito...
Celeste se quedó sin palabras...
A ella no le apetecía hacerlo, ¡quería mandarlo al carajo!
Celeste no dudaba que, si apagara también el teléfono de Margarita, Lorenzo seguiría llamando a los otros sirvientes de la casa y luego le pediría a ella que lo contestara.
No podía dejarlo despertar a todo mundo...
Celeste solo pudo forza