—Ve en los procesos con ellos primero. Voy para allá ahorita.
Dicho esto, Lorenzo colgó la llamada. Jaló la manta para cubrirla un poco, dispuesto a irse. En ese momento, una manita lo detuvo agarrando el borde de su camisa.
Él se volvió para mirarla, y vio que ella lo miraba fijamente con los ojos claros, muy inocente. Él arqueó un poco la ceja:
—¿Has despertado ya?
Celeste lo miró por unos segundos y, de repente, se destapó y se le fue encima. Instintivamente, le extendió los brazos y la abraz