Capítulo 159
La delicada cara de Celeste se había enrojecido por el vapor caliente, por lo que no se podía notar que se había sonrojado por la vergüenza.

Sus miradas se encontraron.

Lorenzo la miraba fijamente, como si el aire se estuviese congelado.

Al final, fue Celeste quien no pudo resistir más su mirada y, mordiéndose el labio, desvió la vista.

—En el agua termal hay hierbas medicinales que ayudan a la circulación y es beneficiosa para la salud corporal —se escuchó su agradable voz a través del vapor.

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