Lorenzo le dijo que la llevaría a tratarse.
Celeste pensó que la llevaría al hospital, pero nunca imaginó que llegarían a una mansión privada.
Ya eran las altas horas de la noche, los guardias y sirvientas de la mansión los esperaban en la entrada para recibirlos con respeto.
—Señor, buenas noches.
Lorenzo ignoró el saludo y caminó a grandes zancadas hacia adentro, cargando a Celeste en sus brazos.
Al ver al señor entrar cargando a una mujer, los sirvientes se sorprendieron y lanzaban miradas