El gato me miró con sus ojos brillantes, y me sentí un poco mejor. "Quizás todo había sido solo mi imaginación". Quizás estaba un poco estresada y necesitaba un descanso.
El gato continuó ronroneando y frotándose contra mí, como si estuviera disfrutando de las caricias. Me reí suavemente, sintiendo un poco de alegría en medio del estrés del día.
"¿De dónde saliste, pequeño?" le pregunté, acariciándole la cabeza. "Eres precioso, ¿quién es tu dueño? ¿Eres de aquí del edificio?"