Layla se inclinó hacia adelante y me tomó las manos. "Escucha, Ale, no te preocupes tanto, tal vez no sea nada. No te desesperes pensando en cosas malas, ¿entiendes?.
Asentí, sintiendo un poco de alivio. Layla siempre sabía cómo hacerme sentir mejor.
"Vamos, salgamos de aquí", dijo, poniéndose de pie. "Necesitas despejar tu mente. ¿Qué te parece si vamos a tomar un café y comemos algo?"
Me levanté del sofá con un atisbo de esperanza. Layla podía tener razón, quizás no era nada grave, y to