Layla se inclinó hacia adelante y me tomó las manos. "Escucha, Ale, no te preocupes tanto, tal vez no sea nada. No te desesperes pensando en cosas malas, ¿entiendes?.
Asentí, sintiendo un poco de alivio. Layla siempre sabía cómo hacerme sentir mejor.
"Vamos, salgamos de aquí", dijo, poniéndose de pie. "Necesitas despejar tu mente. ¿Qué te parece si vamos a tomar un café y comemos algo?"
Me levanté del sofá con un atisbo de esperanza. Layla podía tener razón, quizás no era nada grave, y todo volvería a la normalidad. "Lay, voy a hablar con la señora Elena, para avisarle que vamos a salir, espérame aquí", dije, y me dirigí a la cocina.
"Señora Elena, voy a salir un rato con mi amiga", le dije. "Cuando termine aquí, ya puede tomarse el día libre".
"Está bien, señorita", dijo ella sonriéndome con cariño. "Gracias".
Salimos del apartamento, y la brisa fresca me golpeó en la cara. Me sentí un poco mejor, pero todavía había una sensación de inquietud en mi corazón.
"¿