Me reí, sintiendo un aleteo en el estómago. "Ya estoy enamorada", dije, sin pensar.
Rodrigo se detuvo y me miró, sus ojos brillando. "¿Sí?", preguntó, su voz baja y seductora.
Me sonrojé, dándome cuenta de lo que había dicho. "De tu cocina, claro", agregué, riendo.
El hombre se rió y se acercó a mí, su rostro a centímetros del mío. "Bueno, eso es un buen comienzo", dijo, con una sonrisa encantadora en los labios. "Si supieras cuan enamorada estoy de ti",murmuré para mi misma.
Se rió y se apartó de mí, volviendo a la cocina. "Ah, te acuerdas de la vez que se me quemó la comida, ¿verdad?', dije, sonriendo llena de vergüenza.
¿Quemar? Eso fue un incendio, dijo burlándose de mi. Rodrigo se rió de nuevo. "Bueno, te voy a enseñar a cocinar de verdad", dijo, confiado. "No te preocupes, no voy a quemar la comida"
Me burlé de él. "¿Tú? ¿Enseñarme a cocinar?", Eres el gran jefe impecable e imponente. "Rodrigo", dije, sonriendo