Me reí, sintiendo un aleteo en el estómago. "Ya estoy enamorada", dije, sin pensar.
Rodrigo se detuvo y me miró, sus ojos brillando. "¿Sí?", preguntó, su voz baja y seductora.
Me sonrojé, dándome cuenta de lo que había dicho. "De tu cocina, claro", agregué, riendo.
El hombre se rió y se acercó a mí, su rostro a centímetros del mío. "Bueno, eso es un buen comienzo", dijo, con una sonrisa encantadora en los labios. "Si supieras cuan enamorada estoy de ti",murmuré