( Alexandra)
El trayecto de regreso a casa fue un borrón de luces de la ciudad y el sabor amargo de mi propia ingenuidad. Me toqué los labios en la oscuridad, odiándome por haber esperado un beso que nunca llegó, por haberme inclinado hacia su toque como una mendiga buscando migajas de afecto. La humillación en ese pasillo, bajo su mirada oscura, había sido el despertador que necesitaba.
Rodrigo no había cambiado. Seguía siendo un experto en romperme, en jugar con la electricidad que todaví