—Ve a tu habitación, Omega.
A Kian le cuesta mantener la cordura, de hecho, está luchando con todas su fuerzas para no perder la cabeza y controlar sus impulsos.
—¿Llamarás a mi prometido? —pregunta ella arqueando una ceja.
—¡Deja de mentir, maldita sea!
El Alfa golpea con un puño la pared detrás de él sin importarle el dolor de sus nudillos.
—¡Kian!
Asling corre hacia él tocándolo pero Kian no la necesitaba en ese momento. Se aparta de ambas y da largas zancadas hacia el exterior convirtiéndos