Kian no podía definir el sentimiento que lo llenó al ver como la Omega iba recuperando la consciencia. Sin darse cuenta apretó su mano pero las palabras de ella nada más al verlo lo hicieron sentir un vacío inquietante.
—No me toques.
Él la miró ceñudo sin saber cómo responder a su insolencia por primera vez pero no podía dejar de mirarla. Era la primera vez que veía a su Omega luciendo tan fría.
—Curandera, ¿Podemos hablar a solas?
La vulnerable pregunta provocó que el Alfa casi gruñera de fur