Una caricia casi imperceptible sobre su vientre bastante hinchado hizo que Dana despertara pero no abrió los ojos de inmediato hasta que experimentó cómo sus cachorros se movían en su interior.
La inquietaba que eso solo sucedía con algo relacionado a Kian. El verlo, oírlo, o cuando el Alfa insistía en tocarla o rozarla. Sabía que de estar cerca Kian desarrollaría un vínculo con sus cachorros y eso no era posible. Pero a pesar de todo no podía dejar de sentirse atraída a él.
Al alzar la vista