Diana se miró al espejo viendo lo hermosa que se veía con su vestido negro ceñido al cuerpo.
Sin embargo, no se sentía cómoda.
Después de lo que había pasado entre ella y Aris no habían vuelto a estar demasiado cerca de él, evitándolo todo lo que podía pero esa noche tendrían que comer en la misma mesa gracias a sus padres.
—Diana, baja ahora, mi amor. Ya llegaron los chicos.
Ella dejó salir un suspiro suave y salió de su habitación.
Enseguida escuchó un gruñido de su padre.
—¿Qué pasa...?
—No