ELÍAS
La siguiente hora es una tortura.
Soy hiperconsciente de cada movimiento de Zella. Cómo desplaza su peso cuando se concentra. Cómo se muerde el labio inferior cuando está frustrada. El pequeño surco que se forma entre sus cejas cuando intenta percibir las señales mágicas que le estoy enseñando a reconocer.
Es enloquecedor.
—Cierra los ojos —le indico, manteniendo una distancia de varios metros—. Siente el cambio de energía cuando Stella canaliza su poder.
Zella cierra los ojos obedientemente. Stella crea una pequeña esfera de luz, dejándola pulsar con energía controlada.
Zella frunce aún más el ceño.
—Sigo sin... espera. —Ladea ligeramente la cabeza—. Ahí. ¿Como una calidez en el aire?
Mi instinto me impulsa a decirle que lo está haciendo bien, que lo está aprendiendo más rápido que la mayoría de los estudiantes que he entrenado. Pero mantengo mi voz neutra, clínica.
—Esa es la firma. Sigue concentrándote en ella.
Aprende rápido. Es perspicaz. Concentrada. Tiene una determinació