El hechizo que había activado hacía que cada latido de Alexia acelerara el desarrollo del feto dentro del vientre de la hembra, obligando a su cuerpo a avanzar, como si el tiempo estuviera corriendo de prisa pero solo en su cuerpo.
Aquel era un arte antiguo.
Peligroso.
Prohibido.
Y ahora, inevitable.
—Respira —murmuró colocando una mano sobre su frente sudorosa aunque Alexia no pudiera escucharla—. No quiero que mueras, ni tu cachorro.
Julián esperaba que Alexia muriera durante el