—Sal de aquí, Samara. No te atrevas...
El cuerpo de Alexia tembló pero no de miedo, sino de una rabia primitiva y protectora.
Algo recorrió sus venas pero ella no apartó la vista de la mujer frente a ella.
—¿Atreverme? —rio con un sonido hueco—. ¿A qué? ¿A limpiar lo que ensuciaste? ¿A devolver el orden? Nicholas me amó primero. Fui su elegida, su hembra cuando tú ni siquiera existías.
—Exactamente porque no existía fue que te tocó—gruñó Alexia.
—¿En serio lo crees? Él me escogió, t