Gemma sintió un peso tibio sobre su vientre y abrió los ojos, todavía confundida. Giró el rostro y descubrió a Sebastian recostado a su lado. En un segundo su mente se espabiló y cualquier rastro de sueño desapareció.
Imágenes de la noche anterior irrumpieron en su mente como un torrente, y el calor le subió a las mejillas. La desesperación que la había consumido no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Ningún hombre, hasta Sebastian, había logrado encender en ella un fuego tan int