XLV. Tienes nuestra bendición
- Srta. Elizabeth, discúlpeme que moleste su descanso, pero necesito hablarle, por favor- le suplicó la mujer y por su voz parece que estaba llorando.
- Dime lo que sea que quieras hablar, no puedo salir de mi casa, porque no sé si sabes que Oliver descubrió todos tus fracasos, tan poca cosa que tenías que hacer y lo echaste a perder, y así te dices ser una secretaria estrella- le dijo con burla, como si todas las cosas que hubiese hecho la mujer, no hubiesen sido planificadas por ella misma.
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