POV: Alma
Alex entra raro.
Lo noto en cómo cierra la puerta de su oficina del nivel niebla. Siempre la empuja con seguridad; hoy la deja caer despacio, como si pesara más. Lleva la camisa arrugada en los puños y ese olor metálico que no es sangre, pero la recuerda.
Intento concentrarme en la pantalla. Umbra muestra líneas y puntos. Todo menos lo que quiero saber.
Al rato, la puerta de mi habitación hace bip.
—Voy a entrar —dice.
—Pasa —respondo, sin girarme.
Se para detrás de mí. No toca la silla ni el escritorio, pero el aire cambia. Como cuando se viene una tormenta.
—¿Cómo va Umbra? —pregunta.
—Igual que tú —respondo—. Cargada.
Se mueve a un costado. Deja una taza de café a mi lado.
—Hablé con Damian —dice al fin.
Eso sí me hace voltearme.
—¿Kalper? —pregunto—. ¿Y desde cuándo hablamos con vampiros por teléfono como si fueran mesa de ayuda?
—Desde que se cansaron de mandar emisarios —dice—. Quiso “aclarar malentendidos”.
Lo dice con comillas invisibles.
—¿Y qué aclaró? —insisto.
—Q