POV: Alex
Alma duerme dos puertas más allá de mi oficina de nivel niebla, y aun así la siento como si respirara en mi nuca.
En la pantalla tengo tres ventanas: mapa de accesos, configuración de su pulsera y un informe falso para la fundación donde todavía figura “en observación” en el piso doce.
—Sube el nivel de niebla a cuatro —le digo a Sebastián por el canal interno—. Cualquier intento de mover su localización oficial, sea de quien sea, me tiene que despertar.
—Hecho —responde—. Para la fundación, Alma Trish duerme donde tú digas que duerme. Y de momento nadie sospecha que existe el nivel niebla.
Cierro el chat y abro la ficha de su pulsera. Antes tenía cafetería, Umbra, mi piso, el doce. Ahora el mapa muestra algo mucho más simple: esta planta, mi oficina, sala médica, gimnasio pequeño. Nada más.
La línea que estoy cruzando no está en el sistema. Está en el contrato.
Ella aceptó protección, no reclusión. El coche “neutral” de hoy me dejó claro que la diferencia es teoría.
Prefier