POV: Alma
Cuando salimos del ascensor del piso doce, instintivamente giro a la derecha, hacia mi pasillo de siempre.
Alex gira a la izquierda.
—El ascensor del fondo —dice—. Vamos.
—Ese no es el nuestro —respondo.
—Hoy sí.
El pasillo está más vacío, menos cuadros, más sensores. El aire huele distinto: cemento limpio, metal frío… y él. Bosque mojado, tormenta contenida. Mi cuerpo lo reconoce antes que mi cabeza.
Al fondo hay otro ascensor, más estrecho, sin espejo, con un lector doble.
Alex apoya su pulsera. Luego me mira.
—Pon la tuya —ordena.
Lo hago. Luz verde. La puerta se abre con un sonido que parece más de caja fuerte que de ascensor.
—Qué romántico —murmuro—. Llaves cruzadas.
No sonríe. Eso me preocupa más que cualquier alarma.
Dentro no hay botones, solo un panel liso donde él apoya la mano. Empezamos a bajar. Sin ding, sin números.
—¿A dónde vamos? —pregunto.
—Abajo —responde.
—Eso no es una respuesta.
Sus ojos se cruzan con los míos. Oscuros, cargados. No explica nada. El si