POV: Alma
Miro por la ventana del piso doce y veo a Mila cruzar la reja, diminuta entre guardias y vidrio. Lleva su mochila de siempre y sus zapatillas viejas, como si el mundo no pudiera intimidarla aunque le pusieran mármol bajo los pies.
Hace cinco minutos me escribió: “Estoy entrando. Si no salgo, dile a mi mamá que la quiero y que fue culpa de un millonario con problemas de control”.
Sonrío sola, con ese alivio absurdo que se parece a llorar pero no quiere mojarse.
Golpean la puerta.
—Alma