POV: Alma
El mensaje llega a media mañana.
“Asunto: Hablaremos hoy. Pasa por mi oficina al final de tu jornada.”
Solo eso. Firma: A.
El estómago se me aprieta. Aún tengo fresco el recuerdo de anoche: la terraza, el aire frío, su mano apartando mi pelo del cuello, el calor empujando desde dentro.
Intento concentrarme en Sonata. Me pierdo entre tablas. Cada vez que leo “registro”, mi cabeza lo cambia por otra cosa.
Registro de omegas.
No está escrito en ningún informe, pero sé que existe.
A la hora indicada, guardo todo y tomo el ascensor.
En el piso cuarenta, la recepcionista me sonríe como si esto fuera rutina. A mí me sudan las manos.
Golpeo la puerta.
—Pase —dice Alex.
Entro. Está junto al ventanal, sin chaqueta, mangas dobladas.
—Siéntate —dice.
Obedezco.
—Dijiste que querías saber cuando diera un paso más cerca de la reja —empieza—. Este es ese paso.
Trago saliva.
—¿La reja tiene nombre? —pregunto.
—Tiene varios —responde—. Hoy usaremos uno: registro.
La palabra se queda en medio.