POV: Alex
La dejo en la terraza hasta que su respiración se estabiliza.
Su olor tarda más. El aire frío lo baja un poco, pero sigue ahí: caliente, afilado, con ese matiz nuevo que ya conozco demasiado bien.
Pre-celo.
Cuando la acompaño de vuelta al ascensor, mantengo la distancia. No la toco más de lo necesario. Ella mira al frente. Yo también. El cuerpo quiere otra cosa. La cabeza manda.
La dejo en el piso treinta y uno con una orden simple:
—Vete a casa. Nada de quedarse hasta tarde esta semana.
Ella asiente, todavía tensa, y recoge sus cosas.
No le digo que su olor se me quedó pegado al traje.
En mi oficina, cierro la puerta y me apoyo un segundo contra el escritorio.
He olido muchos omegas en mi vida. En guerras abiertas, en negociaciones, en fiestas donde la mitad de los presentes quería probar poder sobre alguien. También en acuerdos limpios.
El olor de Alma no se parece a esos escenarios. Huele a algo que no debió estar aquí, en esta torre, en este punto del proyecto.
Abro el si