Tía. 1
El lunes llegó con un cielo despejado y una brisa ligera que movía las hojas de los arbustos frente a la casa de Eleonor. Muy puntual, Leo ya estaba allí, apoyado contra su camioneta, los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta, su corazón latía un poco más rápido, aunque no se notara en su expresión; su lobo, en cambio, no pudo contenerse y dejó escapar un profundo y ronco "mamacita" al verla salir.
Aileen apareció en el umbral con su falda que se movía suavemente con el viento, medias q