Recompensa. 3
El grito de Aileen resonó en la cocina, agudo y sin control, mientras su cuerpo se sacudía bajo el de Leo. Las piernas le temblaban, los dedos se aferraban al borde de la isla como si fuera su único salvavidas en medio del torbellino de sensaciones, no intentó contenerse. No había espacio para la vergüenza, no cuando el placer la recorría en olas intensas, dejándola sin aliento, sin pensamiento, solo sensación pura.
Leo sintió cómo se apretaba alrededor de él, cómo su cuerpo lo envolvía con una