Oficial. 5
Era Leo. O al menos una copia exacta de él; la misma altura, los mismos ojos dorados, la sonrisa ladeada que siempre la hacía perder el aire, pero algo no estaba bien, esa sonrisa tenía un filo oscuro, un brillo de crueldad antigua, de hambre reprimida.
— Hola, mi conejita. — susurró él, con una voz que no era la de Leo, sino una más profunda, grave, reverberante.
Aileen retrocedió un paso, el corazón desbocado en su pecho.
— Tú no eres Leo. — dijo con firmeza, aunque su voz se quebró al final.