Oficial. 4
Eleonor la observó con una mirada que parecía intentar encontrar señales de fiebre, locura o sueño profundo.
— Aileen Carter... — dijo despacio, casi en un susurro — ¿Estás embarazada? — entrecerró los ojos.
— ¡¿Qué?! — Aileen casi saltó en su asiento, tan roja que parecía un tomate — ¡No, abuela! ¡Por Dios, no! — el cuervo soltó un graznido fuerte, como si también se indignara, Eleonor parpadeó un par de veces, bajando un poco los hombros.
— Bueno, hija... perdóname, pero con esa cara que trae