Manada. 3
Anna levantó su copa de vino y se recargó en el respaldo de la silla con esa sonrisa pícara que solía poner cuando sabía que tenía a todos pendientes de su voz, la conversación seguía aún girando en torno al lobo blanco y el muro de tierra que Aileen había levantado, la tensión ya se había disuelto un poco, pero todos querían saber más.
— Ese peludo infame... — empezó Anna, mirando hacia el bosque como si esperara verlo aparecer de nuevo — No es cualquier lobo, es un alma vieja, una de esas bes