Manada. 2
Charlotte, por su parte, estaba riendo a carcajadas cerca del fuego, tenía al cuervo sobre el hombro, rascándole el cuello con un dedo mientras hablaba con River, de pronto, el ave soltó un sonido extraño, torció el cuello hacia atrás con un crujido inquietante y abrió el pico en lo que parecía una sonrisa torcida.
— ¡Dios mío, está poseído! — gritó Charlotte entre risas, retrocediendo.
El cuervo soltó un graznido ofendido, le dio un picotazo suave en la oreja y volvió a acomodar el cuello en s