Manada. 1
Leo se recostó con cuidado a su lado, procurando no despertarla, había colocado algunos cojines extra para que ella estuviera más cómoda, y el sonido leve de la lluvia sobre el techo de cristal llenaba el ambiente de una calma envolvente. Abrió su libro —uno de los tantos que solía releer cuando no podía dormir—, pero apenas pasaba las páginas, sus ojos volvían una y otra vez hacia ella.
Aileen dormía profundamente, con el rostro sereno, una mejilla apoyada sobre su brazo y el cabello aún húmed