Herida. 2
Mientras tanto, a kilómetros de distancia, el cuervo volaba bajo entre los árboles, agitando las alas con desesperación, el viento cortaba entre sus plumas, y un presentimiento lo obligaba a batir más fuerte, más rápido.
Primero fue a la cafetería de Eleonor, se posó en el toldo del local, inclinando la cabeza para mirar por las ventanas, adentro, la abuela atendía a dos clientes con su sonrisa de siempre, limpiando la barra con un paño húmedo, pero Aileen no estaba. El ave soltó un graznido co