Disfraces. 4
Al llegar a casa, Leo dejó la canasta sobre la mesa y fue directo al baño para llenar la tina, el agua tibia comenzó a subir, perfumada con las sales que Aileen tanto amaba, esas que olían a maracuyá y miel. En la habitación, ella se estaba quitando la capa roja y las botas cuando Leo asomó la cabeza por la puerta.
— La tina está lista. — dijo con esa voz baja que a ella siempre le erizaba la piel.
Aileen asintió, sonriendo con suavidad, tomó una toalla y se acercó a él, Leo aún llevaba restos