Paul
Desde que bajamos de ese avión me ha costado resistirme a mis instintos y no llevarme a Marina a cualquier parte y hacer una tontería. Se me antojó en el avión, el auto y ahora aquí estamos mirando el Jacuzzi, sé perfectamente que ella debe estar pensando en lo mismo que yo, a mi mujer le encanta el agua y doy fe de ello.
Con esos pensamientos tan morbosos la acuno entre mis brazos mientras nos encontramos en la terraza y Marina admira todas las flores que hay en ella. La verdad no soy un